Soplando sobre las heridas

Managua tiene un olor diferente a muchas otras ciudades latinoamericanas. El aire cargado de ruido de patriotas merodea en el viento que golpea el malecón del puerto Salvador Allende. Los restos de guerra y guerrilla que azotaron a esta tierra libre durante décadas no pasan desapercibidos en esta capital que se hunde en el caos del tránsito vehicular. Este viaje a Nicaragua fue diferente a nuestras últimas andanzas por América Latina. En la tierra de Augusto Sandino volvimos a lo primitivo, a lo que primero nos lanzó a la ruta, a la calle, a las montañas de nuestro continente, entregarles pelotas a los niños de América para que al menos por un rato vuelvan a ser niños.

Por 30 Córdobas (1 Dólar) viajamos de Managua a Granada donde el colectivo explotado de gente, bolsos y vendedores ambulantes paraba en cada esquina haciendo que el recorrido corto se haga largo y tedioso.

Granada, sus catedrales, sus calles y sus ferias hacen de este exótico pueblo, un lugar perfecto para extranjeros, en un país donde de a poco van llegando recorredores de mundos ya que durante mucho tiempo la violencia expulsaba a los visitantes.

Banderas rojas y negras bailan en los mástiles, el recuerdo a la revolución sandinista es constante y el pueblo nicaragüense espera que la burocracia política no descanse en las rosas del triunfo. Buscando primaveras en el frió invierno Somocista, oprimidos y opresores bailaron al compás de la guerra. Nicaragua de pie espera que la realidad no termine donde acabe el espejismo.

Recorriendo las calles encontramos a niños, que, al igual que en México, Guatemala y el Salvador, tienen que trabajar para poder ayudar en su casa. Sus realidades son diferentes, las maras y la droga no tienen en esta tierra el papel predominante que si tiene en otras partes del continente.

Y ahí volvemos a la esencia de nuestra Revolución, que busca que nunca falte una pelota. Es por eso que entregamos pelotas a los hijos de esta tierra que busca de una vez por todas que sus venas dejen de sangrar.

El equipo de Revolución Pelota entrego en las calles de Granada, Nicaragua, 30 pelotas de fútbol.


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